Cómo crear un asistente interno con IA que responda las preguntas de tu equipo
Cómo crear un asistente interno con IA que responde las dudas del día a día del equipo usando los documentos y procesos de la propia empresa.
Cómo crear un asistente interno con IA que responda las preguntas de tu equipo
Son las once de la mañana y alguien escribe en el chat del equipo: «¿Cómo se pide un gasto de viaje?». Nadie contesta a la primera, así que pregunta a otra persona, y luego a otra. Un asistente interno con IA está pensado para que esa pregunta tenga respuesta en diez segundos y sin molestar a nadie.
Las preguntas que se repiten cada semana
Toda empresa tiene su repertorio: cómo se piden las vacaciones, dónde está la plantilla de presupuesto, qué política se aplica a un descuento, a quién se avisa cuando falla un pedido. Las respuestas existen. Están en un PDF, en una carpeta compartida, en un correo de hace dos años o, lo más habitual, en la cabeza de la persona que lleva más tiempo en la empresa.
Así, los veteranos acaban haciendo de buscador humano y los recién llegados tardan meses en saber a quién preguntar. Un estudio del McKinsey Global Institute ya estimaba en 2012 que los trabajadores del conocimiento dedican casi el 20% de la semana a buscar información interna o a localizar a un compañero que les eche una mano (Chui et al., 2012). Más de una década después, cualquiera que trabaje en una empresa mediana reconoce la sensación.
(Chui, M., Manyika, J., Bughin, J., Dobbs, R., Roxburgh, C., Sarrazin, H., Sands, G., & Westergren, M. (2012). The social economy: Unlocking value and productivity through social technologies. McKinsey Global Institute.)
Cómo funciona un asistente que conoce tu empresa
No hablamos de un chatbot genérico al que le preguntas lo que sea. Este asistente trabaja solo con lo que tú decides darle: manuales, políticas, procedimientos, preguntas frecuentes, plantillas. Cuando alguien pregunta, busca en esos documentos, localiza el fragmento que corresponde y responde con esa información, indicando de dónde la ha sacado.
Ese último detalle importa mucho. Un buen asistente no se inventa nada. Si la respuesta no está en tus documentos, lo dice y remite a la persona adecuada. Ahí está la diferencia entre una IA personalizada para tu empresa y una que responde con mucha seguridad cosas que no sabe.
Por dónde empezar sin complicarte
No hace falta cargar toda la empresa el primer día. Elige un ámbito pequeño, por ejemplo las políticas de RR.HH. o el proceso de compras, y reúne los diez o quince documentos que más consultas generan. Pregunta al equipo cuáles son las dudas que más se repiten y prueba el asistente con esas preguntas reales.
Hay dos cosas que conviene resolver pronto. La primera, que los documentos estén al día, porque el asistente responderá con lo que encuentre, aunque esté desfasado. La segunda, que alguien tenga asignado mantenerlos actualizados, algo que ya debería ocurrir con cualquier documento importante.
Lo que gana el equipo
La persona que se incorpora deja de depender de la amabilidad de los demás para entender cómo funciona todo. El responsable de operaciones deja de contestar tres veces al día la misma duda. Y el conocimiento deja de vivir en la cabeza de dos personas.
Hay un beneficio menos evidente. Al ver qué preguntas llegan una y otra vez, descubres qué procesos están mal explicados, o mal diseñados directamente. El asistente te enseña dónde falla la comunicación interna.
En NappAI, este tipo de asistente se construye con agentes de IA para empresas que trabajan con tus propios documentos y con el contexto de tu negocio, sin escribir código. Si un proceso cambia, actualizas el documento y la respuesta cambia con él.
Tu equipo ya sabe lo que necesita preguntar. Solo falta que alguien conteste a la primera.